6 ene. 2014

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Hoy comparto con vosotros otro pedacito de Badajoz que en este caso, además, significa mucho para mí pues me trae recuerdos de mi más tierna infancia. Se trata del histórico y centenario edificio de Las Tres Campanas, situado en la plazuela de la Soledad, en pleno casco histórico badajocense. Edificio que acogió hasta hace escasos años la más antigua y emblemática de las jugueterías de Badajoz, que tenía el mismo nombre que el inmueble. Aún recuerdo mi cara de asombro ante las maravillas que ofrecían sus escaparates: playmobils, scalextrics, naves espaciales, robots, Másters del Universo y tantos otros objetos anhelados en aquella época.

El edificio de Las Tres Campanas se construyó en 1899 por encargo de la familia Ramallo para destinarlo a uso comercial.  En 1912 sufrió un incendio y fue reedificado en 1917 por Adel Pinna y Curro Franco. Pinna, que no estaba titulado como arquitecto y por lo tanto daba a otros sus proyectos para que los firmaran, salpicó el casco antiguo de Badajoz de obras de gran porte plenas de buen gusto y originalidad como La Giralda, la casa Álvarez o el Garaje Plá. 

Las Tres Campanas presenta una fachada de estilo modernista con cuatro plantas y tres calles. Las dos primeras plantas muestran dos cuerpos laterales avanzados sobre la fachada con miradores. El cuerpo central es más ancho y presenta un balcón en la primera planta. La tercera planta sigue el diseño de las anteriores pero se sustituyen los miradores por unos pequeños balcones.

Destaca el uso de la carpintería de madera así como los estucados que imitan motivos vegetales y el ritmo curvilíneo de la fachada -rasgos típicamente modernistas-. El cuerpo superior queda rematado por dos pequeñas cúpulas en los extremos, agallonadas y de cierto gusto afrancesado. Y en el centro encontramos un reloj fabricado por la empresa Pérez en 1917, al que hay dar cuerda a diario y que es ya en si mismo una verdadera joya. Como remate del reloj aparece una singularísima veleta en forma de paraguas que acoge el símbolo distintivo del edificio, las tres campanas.



El interior lo recuerdo de una belleza extraordinaria cuando era juguetería: pilares de fundición, artesonados maravillosos, escaleras de caracol de delicada madera, mostradores y estanterías decorados con fina marquetería... También tenía dos ascensores con cristaleras y asientos -ésto último me parecía muy llamativo- y un gran reloj de madera con números romanos que colgaba del techo... En fin, una preciosidad que ya de niño me llamaba la atención y no sólo por la infinidad de juguetes que inundaban los estantes.  

Hace algunos años la juguetería se trasladó de su centenario enclave y la Caja Rural de Extremadura compró el edificio para convertirlo en su sede central. Este cambio de sede nunca llegó a materializarse. Recientemente unos particulares lo compraron para ser parte de un complejo hotelero que se extendería por la adyacente calle Duque de San Germán, proyectándose el restaurante del hotel en Las Tres Campanas. Esperemos que, de ver la luz esta iniciativa, sea lo suficientemente respetuosa con el histórico edificio y su esplendoroso interior. Muchos "niños" de Badajoz les estaríamos agradecidos por mimar este lugar mágico de nuestra infancia.

Bibliografía:
·Guía artística de la ciudad de Badajoz. Carmen Araya Iglesias y Fernando Rubio García. Diputación Provincial de Badajoz, 2003.
·Badajoz, mucho que ver. Asociación Amigos de Badajoz. Tecnigraf, 2004.
·Un hotel para Las Tres Campanas. Juan López-Lago. Diario HOY, 24 de febrero de 2010.


*Publicado originalmente en El blog de José Ramón González

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